Viajando a Fondo

Viajar solo por Japón: por qué es más fácil de lo que crees

Hice Japón en solitario durante 14 días. Por qué es de los países más cómodos para viajar solo, qué es lo único que se hace cuesta arriba y cómo lo resolví.

Por Edu · Actualizado en

Una barra de ramen, el formato más cómodo para comer solo en Japón
Una barra de ramen, el formato más cómodo para comer solo en Japón

Hice mis catorce días de Japón solo, y la conclusión es rotunda: es de los países más cómodos del mundo para viajar sin compañía. Comer, moverme y salir de noche me resultaron más fáciles de lo que esperaba, y eso que iba con la expectativa alta.

Pero no voy a venderte que todo es perfecto, porque hay tres cosas que sí se complican, y ninguna es la que la gente teme.

Aquí va qué esperar de verdad, qué se hace fácil y qué no, y los ajustes concretos que le haría al viaje si vas por tu cuenta.

El metro de Tokio, sorprendentemente silencioso
El metro de Tokio, sorprendentemente silencioso

Por qué Japón funciona tan bien en solitario

La razón de fondo es que muchas cosas en Japón están diseñadas para una persona, no adaptadas a regañadientes.

No hablo de una actitud amable hacia el turista solitario, hablo de infraestructura: barras en lugar de mesas, máquinas de tickets en vez de camareros, raciones individuales, hoteles con habitaciones pequeñas pensadas para uno. En muchos países viajar solo significa encajar a la fuerza en formatos hechos para grupos. En Japón, buena parte del día a día ya está construida para lo que tú necesitas.

Y hay un factor que me sorprendió y que ayuda más de lo que parece: lo silenciosas y ordenadas que son sus ciudades enormes, sobre todo en el metro y de noche. No hay ruido ambiente agresivo ni sensación de tener que estar pendiente. Eso, cuando vas solo, se traduce directamente en ir relajado.

El interior de un konbini, abierto toda la noche
El interior de un konbini, abierto toda la noche

Comer solo, que es lo que más frena a la gente

Esta es la duda número uno de quien se plantea un viaje en solitario, así que voy al grano: comer solo en Japón es facilísimo, y casi nunca vas a sentirte fuera de lugar.

Lo que funciona sin ningún esfuerzo:

  • Las barras de ramen. Son el formato solitario por excelencia: te sientas en una barra mirando a la cocina, pides y comes. Muchos sitios funcionan con máquina de tickets en la entrada, así que ni siquiera hablas: eliges con una foto, pagas, y le das el ticket al cocinero.
  • El sushi de barra, igual: un asiento, tú y quien lo prepara.
  • Los locales pequeños de barrio, de udon, curry o donburi, con cuatro taburetes y rotación rápida.
  • La comida callejera y los mercados, donde se come de pie y de puesto en puesto.

Donde sí lo noté un poco: algunos restaurantes tradicionales y los sitios muy demandados están más pensados para dos o para grupo, y ahí sí puedes sentirte algo incómodo o encontrarte con que dan preferencia a mesas de más de uno. Nunca fue un problema serio y no me quedé sin cenar ni una noche, pero conviene saberlo: si te apetece un sitio de esos, ve pronto y no en hora punta.

Mi consejo práctico: no organices el viaje alrededor de restaurantes concretos. Aprende qué se come en cada zona, entra donde veas barra y sitio, y te va a salir mejor y más barato.

Los konbini: mucho más de lo que crees

Los konbini, esas tiendas abiertas veinticuatro horas que hay en cada esquina, acabaron formando parte del viaje y no como recurso de emergencia.

Desayunos, bebidas frías cuando aprieta el calor, cenas tardías cuando llegas reventado y no te apetece sentarte en ningún sitio, y bastantes compras por pura curiosidad. La calidad es sorprendentemente buena y no hay ningún estigma en cenar de konbini algún día.

Para quien viaja solo esto vale doble: es la solución perfecta para las noches en las que no te apetece la ceremonia de sentarte en un restaurante tú solo. Y las hay literalmente en todas partes.

Moverse y salir de noche

El transporte fue de lo más cómodo del viaje. Los trenes son puntualísimos y con muchísima frecuencia, así que no tienes que planificar con antelación ni temer perder el último: casi siempre hay otro.

Salir de noche solo tampoco me supuso nada. Volver andando o en metro a horas tardías fue perfectamente normal en todas las ciudades.

Y aquí una ventaja concreta de ir solo que no había previsto: eres muchísimo más rápido. Decides en el momento, cambias de plan sin negociar, te saltas una parada porque te ha dado pereza y alargas otra porque te está gustando. En un viaje tan denso como este, esa agilidad se traduce en ver bastante más.

Lo que sí se hace cuesta arriba

Para que esto sea honesto, las tres cosas que de verdad cuestan. Ninguna tiene que ver con la soledad:

Las estaciones, no los trenes. Lo más confuso de Japón no es el sistema ferroviario, que es impecable, sino orientarse dentro de estaciones gigantescas como las de Tokio, Shinjuku, Kioto u Osaka. Son laberintos con decenas de salidas y varias compañías bajo el mismo techo, y ahí no tienes a nadie con quien repartirte la tarea de mirar carteles. Ten paciencia, fíjate siempre en el número de salida que buscas y date margen: en un par de días le coges el truco.

El calor, si vas en verano. Me condicionó bastante más que las multitudes. Se puede seguir visitando cosas, pero a media tarde caen la energía y las ganas. Yendo solo no hay nadie que te frene ni te proponga parar, así que el riesgo de forzar la máquina es mayor. Ponte tú los descansos.

Cargar con todo el trabajo mental. Planificar, orientarte, decidir y resolver imprevistos, todo el rato y sin repartir. Lo que a mí me funcionó fue planificar de más y llevar decidido de antemano qué recortar si iba retrasado. Tener opciones que sacrificar es mucho mejor que improvisar cansado a las cinco de la tarde, que es cuando peor se decide.

Cinco ajustes concretos si vas solo

  1. Dosifica el ritmo tú mismo. Nadie te va a decir que estás forzando. Yo caminaba unos veinte kilómetros diarios y aun así hubo días que tuve que recortar.
  2. Elige alojamiento céntrico aunque cueste algo más. Cuando vuelves solo y cansado, cada traslado extra pesa el doble.
  3. Prioriza los formatos de barra para comer y no le des más vueltas.
  4. Aprovecha ser rápido. Métete en los sitios a primera hora, cuando aún no hay nadie: es cuando más rinde ir solo.
  5. Reserva lo que sea de plaza limitada con antelación, porque ir solo no te da ninguna ventaja para colarte.

Para quién sí, y para quién no

Japón es un destino excelente para un primer viaje largo en solitario. Si nunca has viajado solo y estás dudando dónde estrenarte, este es un sitio inmejorable: la logística funciona, comer solo es normal y moverte de noche es cómodo.

Ahora bien, si lo que buscas es conocer gente, plantéatelo. Japón no es un destino especialmente sociable para el viajero: no hay una cultura de mochilero conversador como en el sudeste asiático, y la barrera del idioma es real. Se viaja fenomenal solo, pero se viaja solo de verdad. A mí eso me venía bien; si a ti no, busca alojamientos con zonas comunes o actividades de grupo, porque no te va a pasar por casualidad.

Lo que me llevé

Una cosa con la que no contaba, y que te sirve para montar tu propia ruta (aquí tienes la mía, día a día): lo que más me marcó no coincidió con lo que esperaba. Los mejores recuerdos me los dieron barrios tranquilos y sitios secundarios, no las portadas.

Creo que ir solo tuvo bastante que ver. Cuando no tienes que justificarle a nadie por qué te quedas media hora más en una calle sin nada especial, acabas quedándote. Ahí es donde apareció lo bueno.